Adoro la siesta. Forma parte de mi forma de vida. Me cuesta horrores pasar de ella y sólo lo hago cuando es, de hecho, imposible de cumplir. Necesito mi rato de siesta. A veces incluso he dormido en casas ajenas (y en la calle alguna vez).

No recuerdo cuándo se me hizo tan imprescindible. La idea que tengo es que empecé en mi primer año de universidad. Suena raro, ¿eh? Creo que el origen se debió al largo camino de vuelta a mi casa. Eran dos trayectos en sendos autobuses y luego una caminata de media hora desde la parada hasta mi dulce, dulce, dulce hogar. Recuerdo almorzar y tumbarme, rendido, como un soldado que no ha ido a la guerra pero que hace trabajos forzados, en mi blanda, suave y adorable cama.

Supongo que desde entonces habré dormido la siesta alrededor del 70 % de mis días. Según alguna gente ya debería estar muerto. Porque hay mucha gente que odia la siesta. O, al menos, no cree en ella. Como si fuera una religión. Pero como si les molestase que los que la dormimos disfrutemos de ella, se empeñan en señalar sus "defectos" y "secuelas". Que si la duermes mucho te cargas neuronas, que si luego sufres insomnio, que si tu estado de ánimo se resiente, que si no descansas de verdad, que si te salen ojeras, etc, etc. Yo no soy ningún científico pero les daré mi versión. Todo suena a lo mismo que si te emborrachas. Los mismos efectos. Y digo yo que la siesta no tiene ni jodida comparación con el botellón, ¿no? Porque entonces ya me veo a la policía rondando por mi casa a ver si estoy despierto pasadas las 4 de la tarde. "Que no son horas para estar durmiendo, degenerao, venga los papeles de la almohada. ¿No los tiene? Uy, uy, le va a caer una buena..."


-Atención, ¡La siesta en galletas! ¿Qué ingredientes llevará? Aroma de Somnífero?-

Otra cosa que dicen mucho es que la siesta hay que dormirla un máximo de SÓLO media hora. Sí, claro... ¡y luego vienen los asesinatos en serie! En realidad es una trampa que va enlazada con la del estado de ánimo. Si cumples lo que te dicen te levantas de mala ostia; acto seguido, el listillo te dirá: ¿ves? la siesta te ha producido ese efecto!. Para cuando quiere darse cuenta, el listillo está volando por los aires después de atravesar el cristal de la ventana, porque ya que lo tiras, lo haces bien.

Yo creo que la costumbre de la siesta en España es como la del té de los ingleses. O eso dicen. La verdad que me da igual. Yo la duermo porque mi cuerpo y mi mente pegan un bajonazo impresionante después de comer. Y si no descanso me llevo el resto el día como si fuera un zombi retrasado. Y no es agradable. Además, creo que soñar está muy infravalorado. Con lo bonito y fácil que es (a veces ninguna de las dos, pero no pongamos pegas que es gratis).

Debe ser ya cuestión de decenas de personas a las que he tenido que justificar mi negativa cuando me ofrecían citas o planes a la hora sagrada de después de comer. Y siempre digo la misma simple respuesta: yo es que lo necesito. Creanselo o no. ¡Y dejen en paz mis costumbres! Que es de lo poco que tengo y no quiero cambiarlo.