[Esta segunda parte del relato "El engranaje oxidado" forma parte de un relato conjunto que podrá seguirse leyendo en las próximas semanas en las webs de El Bastión de los Sueños y Nada Blanca. Esperamos que os guste. La primera parte puede leerse pulsando aquí]

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Me encantan estos sitios. Estos baretos de mala muerte. Esta mala copia del antiguo “country”. Esta aguada pero corrosiva bebida. Esta peste a ser humano. Me encanta.

Veo a Lea. Me saluda. Es una preciosidad. Si no fuera porque es un puto yonqui cibernético hembra, ya estaría babeando. Pero no soy de esa clase de tíos que se sienten cómodos metiendo el pene en equipos artificiales. Por muy último modelo que sea.

La sonriente Lea se sienta, se aparta el cabello del rostro y, como siempre que la tengo cerca, vuelvo a plantearme la validez de todos mis principios.

-Veo que te gusta este sitio.

-Es reconfortante.

-Claro.

-Imagino que te resultará algo... antiguo.

-Antiguo, sucio y deprimente. –suelta una carcajada tan sincera que me duele- Pero adorable. Sabes que me apasiona todo lo relacionado con vuestros antepasados.

Nuestros antepasados. Sí. Jesucristo, Shakespeare o Kubrick. Nada que ver con los suyos. Nintendo, Windows o PlayStation.

-¿Tienes la información?

Le decepciona que haya sido tan directo. Saca una tarjeta de una minúscula placa acoplada a su muslo izquierdo y la pone sobre la mesa.

-Te ha molestado mi comentario, ¿no es cierto? Lo siento.

-Tengo que llamar urgentemente al maldito fiscal para comunicarle que me has entregado esto. ¿Quieres acabar como una lavadora en un desguace?

-Tranquilo. No me pasará nada. Tengo a mi gente.

-Tu gente. Simpática expresión para referirte a una panda de locos híbridos que se dedican a piratear la base de datos de la Fundación y que saltan como mariconas en celo cuando sale al mercado otro nuevo producto para colocarse. Tu gente. Ellos no van a protegerte, Lea.

Me dedica otra de sus dulces sonrisas mientras me mira fijamente con esos cristalinos falsos globos oculares color azul plateado.

-¿Y tú sí?

Me deja sin respuesta. Le encanta hacerlo. Está inclinada hacia mí y me muestra su generoso escote. Bendito el momento de su creación. Si no fuera porque sé que tiene el culo lleno de miles de cables bajo esa preciosa piel sintética, la besaría ahora mismo. Me iría con ella sin importar las consecuencias.

-A mí también me gustaría. Quizá en otro mundo sería posible.

Perfecto. He vuelto a olvidar que puede leer mi mente.